domingo, 28 de septiembre de 2008

El corazón perplejo de los cronopios

Aquí estamos tú y yo,

altivo corazón,

en desbandada.

A fuerza de caer, desvanecidos,

y a fuerza de cantar,

enajenados.
El corazón perplejo
Carlos Marzal




Cuando los cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que llevaban en los bolsillos y hasta la cuenta de los días.

Cuando un cronopio canta, las esperanzas y los famas acuden a escucharlo aunque no comprenden mucho su arrebato y en general se muestran algo escandalizados. En medio del corro el cronopio levanta sus bracitos como si sostuviera el sol, como si el cielo fuera una bandeja y el sol la cabeza del Bautista, de modo que la canción del cronopio es Salomé desnuda danzando para los famas y las esperanzas que están ahí boquiabiertos y preguntándose si el señor cura, si las conveniencias. Pero como en el fondo son buenos (los famas son buenos y las esperanzas bobas), acaban aplaudiendo al cronopio, que se recobra sobresaltado, mira en torno y se pone también a aplaudir, pobrecito.
El canto de los cronopios
Julio Cortázar

sábado, 27 de septiembre de 2008

El libro del naufragio


Y lo demás es ya literatura.
Verlaine

Quien ha vivido cerca lo intuye:

el mar es un fuego latente,

la canción de quien ama los suspiros,

la cadencia del soñador,

un temblor pesado,

un verbo intermitente.



Pero sólo el que naufraga en él lo sabe:

el mar es la morada

y el resto es sólo vida.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Tríptico del encuentro

Tríptico del encuentro


iluminada
me encontrarás

después de tantos años de viaje
llegarás a mí

me hallarás iluminada
desierta

para que pintes tus pasos
te ofreceré paz

la gama de colores de un desnudo
al contemplarte

pasaremos la tarde
bajo el cese de luces

con los pies hundidos en la arena
como quien cava una raíz

caerá la noche
cuando el último abrazo

caiga

lunes, 22 de septiembre de 2008

De álamos y palomas



Ayer una niña preguntó en el tren a su madre qué eran los álamos. En medio de una larga, exacta y tediosa explicación la niña logró interrumpirla.

No, mamá, te equivocas: los álamos son palomas. Y vuelan así.

Yo, testigo privado y algo sobrecogida por la imitación de los álamos (¿o eran palomas?) que la niña llevó a cabo con el fin de reafirmar su teoría, aún me preguntaba dónde se halla el límite entre la tradición y la lógica cuando subía los últimos escalones que me llevaran a la calle.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Sonambulismo


Sonambulismo

I
Examiné
todos sus rostros en mi reflejo.
Los vi mirarme y hundir
sus uñas de destierro en mis pupilas.

Se me clavó el olvido en la mirada la otra noche.


II
Sonambulismo:
el cristal fue mi espejo
treinta y dos veces.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Tal vez una mañana caminando por un aire de vidrio...



Tal vez una mañana caminando por un aire de vidrio,

árido, al darme vuelta, contemplaré el milagro:

la nada a mis espaldas, el vacío detrás

de mí, con terror de borracho.


Luego, como en una pantalla, acamparán de golpe

árboles casas lomas en su habitual engaño.

Pero será ya demasiado tarde, y yo me iré en silencio

con los hombres que no miran atrás, con mi secreto.


Eugenio Montale

(traducción de Jesús Munárriz)